Vine por la playa.

No por un trabajo, no por una oportunidad de negocio, no porque "los números cerraran". Vine porque tenía en la cabeza esa imagen que todos tenemos — despertar con el mar cerca, respirar aire limpio, ver el cielo sin contaminación, caminar entre la selva. La idea de que la vida podía parecerse más a unas vacaciones que a una oficina.

Eso fue hace años. Y la playa sigue ahí.

Pero hay algunas cosas que nadie te cuenta antes de llegar.